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Leticia Acosta Pérez
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letyacostamva@hotmail.com
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El día que cambiaría mi vida para siempre

Sin saber a que me enfrentaría, a partir de ese día todos mis estándares, pensamientos y límites físicos establecidos por mi misma se convertirían en polvo…

Cursaba el último semestre de mi carrea profesional…Ingeniero en electrónica Industrial…estaba enamorada de esa carrera y toda mi mente y energía estaban alrededor de la electrónica…esa mañana de hace ya 16 años leí en el periódico local “Hoy carrera pedestre en punto de las 4:30 pm”…en mis 22 años nunca había visto ni sabido de ninguna “carrera pedestre” y me dije: carrera???....no medité mucho…lo primero que pensé fue…”no tengo tenis” y me fui al centro a comprar unos tenis “mike”…”con la palomita al revés”…pero para el que no sabe…es perfecto…y busqué que ponerme…y me fui puntual a la aventura…mi corazón estaba expectante y emocionado…llegué y me fui a inscribir…y ahogada en mi ignorancia me puse a observar con calma…de pronto alguien con voz fuerte como estruendo me preguntó: ¿Qué..no va a correr? Y yo con toda seguridad le dije: sí… el me dijo…las mujeres y los niños salen de otro lado y ya va a salir la carrera…esa camioneta va para allá..súbase…(ya mencioné que llegué puntual a la cita…es decir “llegué a las 4:20…a inscribirme y a las 4:25 iba en camino para la salida”) pero yo no sabía nada…me bajé de la camioneta y me dirigí a donde estaban todos… y ellos no hacían más que correr de aquí para allá rápido y lento… y me decía a mi misma: se están cansando de oquis…a la línea de salida…gritaron…y como el que nada sabe nada teme…me paré donde estaban todos…”LISTOS…FUERA”…confieso que aún no logro asimilar que pasaba por mi mente…solo corría…no pensaba…solo corría..y mi objetivo era claro y preciso: llegar a la meta…lo cual logré…y me sentí satisfecha…me disponía a irme cuando me empezaron a perseguir..oye… de donde eres??? preguntaban…quién te entrena??? yo no salía de mi asombro porque no entendía que pasaba…y solo pude formular otra pregunta: ¿por qué?...porque tu ganaste me decían…y respondí de inmediato…yo ví personas delante de mí..yo no gané…ya me voy…y decían: no te puedes ir…tienes que ir a premiación…

Y me quedé para corroborar que no había ganado y sí…gané el primer lugar de la categoría…(lo cual no entendí hasta después…) después de allí todo cambió…cuando Dios da…es a manos llenas…ese día todo fue ganar: gané mi primer tofeo de primer lugar, me gané un entrenador…(el de la voz fuerte como estruendo), conocí al amor de mi vida y me enamoré de la sensación de correr…de esa sensación de libertad, de plenitud, de entrega total…darlo todo en una distancia hasta sentir que vuelas en la eternidad…

Después de ese día ya nada fue igual…mis libros y el laboratorio de electrónica dejaron de ser mi prioridad…mi alma requería de ese tiempo de ir a correr, mi cuerpo cambió (perdí 9 kilos y varias tallas)…mi mente cambió, mi espíritu cambio…anhelaba ese tiempo de estar en contacto profundo conmigo…Dios pone junto a cada alma el espíritu para transformarlo todo, fui mejorando muy rápidamente en los siguientes meses, mis límites del dolor se esfumaron…y ese anhelo de correr y sentirme libre y en contacto con lo superior se convirtió en obsesión por mejorar…solo pensaba en el reloj y aunque estaba regularmente en el pódium y el lugar era bueno ya nunca estaba conforme con el resultado…la chica de espíritu expectante y emocionado que amaba correr fue superada por una chica que se obsesionó por ir contra el reloj y que se olvidó que era por amor lo que hacía…a menudo tomamos decisiones equivocadas, nos volvemos egoístas y nos llenamos de orgullo, queremos andar en nuestras propias fuerzas olvidándonos incluso de Dios…entonces sucede que ni todos los trofeos pueden llenar ese vacío que se siente porque el alma está esclavizada pensando solo en que amanezca para ir a correr para mejorar, para ganar, me olvidé de agradecer, comía buscando el beneficio de la comida a mi cuerpo y no por el placer que es comer, olvidé descansar, mi cuerpo estaba agotado, destrozado, pero esa voz en mi cabeza me decía: levántate..ve a entrenar y aunque mi ser consciente leía “el descanso también es entrenamiento” esa voz contestaba de inmediato: “eso es para los flojos” así que el descanso fue una palabra fuera de mi diccionario…en el trabajo pensaba en la hora de salir para correr y ese placer que sentía al correr se volvió una carga, se volvió una angustia perenne, era como luchar contra mi misma…tardé muchos años en descubrir que le pasaba a mi alma insatisfecha…porque me justificaba con que tenía que mejorar, que no podía ser conformista, que podía ser mejor…cuando llevas demasiado tiempo haciendo lo mismo te embruteces…te olvidas de quien eres…no solo era una corredora…mi ser era más grande que eso… cuando me dí cuenta de que estaba encerrada en el egoísmo y la vanidad, cuando me di cuenta en lo que me había convertido dejé de competir, luego dejé de correr…perdí la inspiración y descubrí que el mal no puede ocultarse, se deben reconocer lo errores con honestidad y arrepentimiento verdadero ante Dios y ante nosotros mismos y entonces te conviertes en un ser libre…ya han pasado tres largos años desde que paré de competir…y ha sido extenuante encontrar la inspiración verdadera para correr… la inspiración espiritual, mi verdadera naturaleza…en el fondo de mi misma estaba esperando esa chica que no ha perdido la capacidad de asombro, la de espíritu expectante y emocionado… pero el viaje no termina encontrando la inspiración, el paso decisivo y de mayor valor es llevar ese tesoro a un estado superior…a la vida diaria y eso es lo más difícil…

El significado de la vida es que seguimos en proceso de reconocer nuestra verdadera naturaleza, concientes, creadores y con la capacidad de disfrutar con amor el placer de correr con todos los sentidos, el placer de sentir nuestro cuerpo desplazarse con armonía, con energía…sentir en cada zancada que Dios se complace con que corra y use mis dones como corredora hasta el límite…no sé si volveré a competir pero sí se que mil veces prefiero correr con mi espíritu libre que vivir en un encierro que esclaviza el alma.


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